|
|
VI.
LA DECLARATORIA DEL CASUS FOEDERIS Y LOS PROTOCOLOS DE SUBSIDIOS Y CONTINGENTES.
El Presidente Prado expidió, con
fecha 6 de abril de 1879, un decreto para declarar que había llegado el casus foederis
conforme al tratado de 6 de febrero de 1873; en consecuencia, debía hacerse efectiva,
la alianza en todas y cada una de sus estipulaciones. Como fundamentos para ello
enumeró la ofensa irrogada por Chile a Bolivia con la ocupación de parte de su litoral
a título de reivindicación; la solicitud expresa del ministro plenipotenciario de
la República aliada; y la declaratoria de guerra hecha por Chile al Perú después
de que este país había interpuesto sus buenos oficios y ofrecido su mediación en
el conflicto chileno-boliviano.
El protocolo firmado en Lima entre el canciller
Manuel Irigoyen y el ministro Serapio Reyes Ortiz el 15 de abril fijó diversas normas
sobre subsidios y contingentes de fuerzas de mar y tierra. Bolivia debía contribuir
con 12.000 hombres y el Perú con 8.000 y su escuadra, pudiendo aumentarse estas
fuerzas en la proporción señalada. Además se obligaba aquella República a indemnizar
a ésta todos los gastos ocasionados por la campaña, incluyendo en ellos los extraordinarios
de movilización de su ejército y armada, los de organización, sostenimiento y movilización
de la fuerza extraordinaria de mar y tierra y los de compra de armamentos y buques,
así como el valor de los buques y armamentos perdidos. El gobierno del Perú percibiría
en los puertos de Arica y de MolIendo el 50% en plata de los derechos aduaneros
correspondientes a las mercaderías extranjeras que se introdujeran por esos puertos
para el consumo boliviano, con el fin de aplicados a los gastos de guerra. Además
de esta fuente de ingresos, el Perú debía tener otras con la entrega mensual por
Bolivia del 50% de los derechos cobrados a la exportación del salitre por su litoral,
con el 50% restante de los derechos aduaneros antes mencionados y con el saldo de
la subvención aduanera retenida a solicitud de la Legación boliviana. Estos últimos
pagos ocasionados por la alimentación del ejército de Bolivia durante el tiempo
que permaneciese en territorio peruano o en el departamento litoral de aquel país.
Si Chile llegaba a pagar la indemnización de los gastos de la guerra, desaparecía
la obligación de Bolivia en relación con ellos.
Este convenio fue severamente criticado
en el país al lado del cual se había lanzado el Perú a la aventura bélica, pues
le hizo cargar con todos los gastos de la guerra.
LA ACTITUD DE LA ARGENTINA.
Desde
los días de la misión Lavalle, el Perú quiso buscar la alianza con la Argentina.
Esta política colocó en situación difícil al ministro en Buenos Aires, Aníbal Víctor
de la Torre. "Poco tiempo antes (escribió éste al ministro de Relaciones Exteriores)
se había solicitado indirectamente nuestra alianza por este gobierno y no me había
excusado cumpliendo instrucciones que S. E. el Presidente me diera. Bajo el pretexto
de compra de uno de nuestros acorazados se me exigió un pacto de subsidios y me
excusé por la misma razón. En fin, se me pidió un auxilio cualquiera de nuestra
parte y tuve también que negarme. Este gobierno se vio, pues forzado a celebrar
el tratado Fierro-Sarratea contra su voluntad; trabajó y obtuvo que la prensa, salvo
un diario, lo aceptase; comunicó al cuerpo diplomático la noticia de ese arreglo
amistoso y todos sus miembros, yo inclusive, lo felicitamos por ese pacífico término
del eterno litigio de límites y por haber desaparecido los motivos que hubieran
podido ocasionar un rompimiento entre ambas potencias. Entre tanto ¿cómo solicitar
momentos después la alianza, un pacto de subsidios o auxilio? ¿Cómo tratar cerca
de este gobierno para llevarlo a la guerra cuando acababa de aconsejarle la paz
y felicitarlo por el arreglo que había hecho? No me quedaba de pronto otro camino
que combatir reservadamente en la prensa el tratado y cualquier arreglo posterior
y luchar con el gobierno tanto en ese terreno como en el pueblo y en las Cámaras
cuidando de que esa acción no fuese sentida. Eso hice; y eso nos dio magníficos
resultados"... "A fines del indicado mes (mayo), el 26 me pidió una conferencia
S. E. el Presidente y habiendo tenido lugar comprendí que su objeto había sido conocer
la actitud que adoptaríamos en la cuestión que se ventilaba entre Chile y Bolivia
y quizás aun si estaríamos dispuestos al fin a prestar auxilio a la Argentina en
caso de un rompimiento con Chile. En esa conferencia me dijo que tenía noticia de
que la mediación del Perú no sería admitida. Como ya no había recibido instrucciones
de ninguna clase, bien a mi pesar tuve que eludir la respuesta que él esperaba,
perdiendo de nuevo la oportunidad que se me presentaba para conseguir la alianza,
sin solicitarla, lo que a mi juicio habría sido muy fácil entonces..." Continúa
La Torre mencionando la participación que tuvo en el rechazo de los tratados Fierro-Sarratea
y Montes de Oca-Balmaceda; y los esfuerzos de la Argentina para armarse con un barco
que debía comprar en Constantinopla o en Italia, con lo cual entraba en competencia
con el Perú (Carta del 21 de enero 1880, Archivo Piérola).
En el Comercio de Lima
de 30 de setiembre de 1921 se publicó la nota del ministro de Relaciones Exteriores
del Perú Manuel Irigoyen a La Torre sobre los términos de la alianza peruano-argentina
que éste objetó por considerar que el equilibrio continental quedaría roto.
En todo
caso, la Argentina se negó a participar en una alianza con el Perú. Influyeron para
ello, con disímil significado, la prudencia del Presidente Avellaneda, la opinión
de algunos dirigentes prestigiosos como el general Bartolomé Mitre y Guillermo Rawson,
decididamente favorables a la paz con Chile, a los que se sumó el nuevo Presidente,
general Julio A. Roca; el efecto causado por las rápidas y sucesivas derrotas del
Perú; la posibilidad de una alianza entre el Brasil y Chile. La guerra quedó, pues,
circunscrita al Perú y Bolivia contra Chile.
|
|