|
|
EL "HUÁSCAR" MURALLA
MÓVIL DEL PERÚ.
I.
OCUPACIÓN DEL LITORAL BOLIVIANO. EDUARDO AVAROA.
Las primeras jornadas de la guerra
tuvieron por teatro, como ya se ha referido, la zona del salitre. Aquel gran desierto
es el que fuera llamado por Almagro en los días de la Conquista, "país de la desesperación".
En vez de plantas se veía en su suelo huesos y carnes secas de las bestias de carga
que allí habían perecido de fatiga, restos en los cuales solían crecer amarillos
líquenes. El liquen y el cactus eran la flora de esa inmensidad desnuda. La ausencia
de lluvias permitía la perduración de capas salinas que el cuerpo de la tierra parecía
trasudar y que formaban colinas con franjas tan densas que las casas de La Noria
se alzaban sobre canteras de sal. La zona de estos depósitos está entre los grados
de 19° y 26° de latitud Sur, en un área de acaso 750 kilómetros de largo con un
promedio de 3 de ancho.
A los dos días de ocupada Antofagasta, el ejército invasor ocupó el asiento minero
de Caracoles (16 de febrero). Los bolivianos expulsados por el enemigo acordaron
unirse para oponer resistencia en el pueblo de Calama, bajo la dirección de un gran
ciudadano, Ladislao Cabrera, a cuya autoridad se sometió el prefecto lugareño coronel
Zapata. Sumaron estos guerreros improvisados 135 hombres armados con 35 rifles Winchester,
8 Remington, 30 fusiles de chimenea, 12 escopetas de caza, 14 revólveres, 5 fusiles
de chispa y una treintena de lampas. Un destacamento con cuatrocientos oficiales
y soldados de línea del ejército chileno salió del pueblo de Caracoles y arribó
a Calama el 23 de marzo. Ofrecieron los invasores hacer una ocupación pacífica evitándose
inútiles sacrificios y derramamientos de sangre. Eduardo Avaroa era un pacífico
ciudadano que vivía con su esposa y cinco hijos en Calama. En su biografía se contaba
haber sido profesor de escuela, comerciante y contador en el negocio de minas. No
sólo rehusó escapar con su familia sino se hizo cargo del vado más importante en
esa zona del río Loa, el puente Topater. Allí, rodeado de doce defensores, cayó
luchando. Acribillado de heridas, se le intimó la rendición y respondió con altivas
palabras levantándose para disparar varias veces hasta con un sable quiso defenderse
contra la caballería. El enemigo hizo un homenaje a su heroísmo, y cuando, después
de la batalla, se encontró el testamento que cuidadosamente había redactado antes
de separarse de su familia, enviada lejos de la zona, se constató que sabía que
iba a morir.
Mientras se luchaba en Calama, tropas chilenas desembarcaron en los puertos de Cobija
y Tocopilla. Como también ocuparon Mejillones, quedaron dueños del desierto hasta
las fronteras del Perú. La guerra de Chile con Bolivia había terminado en realidad
aquí, porque avanzar al interior de esa República no habría traído utilidad alguna,
aparte de las dificultades casi insuperables de esa operación y porque esta última
República estaba demasiado pobre e inerme para arrojar a los invasores de su litoral.
|
|