Ver en formato PDFIII. COMBATE DE IQUIQUE.

La escuadra chilena empezó por bloquear el puerto salitrero peruano de lquique. En el llamado combate de Chipana o Loa, hubo un tiroteo sin consecuencias entre la corbeta chilena MagalIanes y la corbeta Unión y la cañonera Pilcomayo, peruanas (12 de abril). Luego los barcos chilenos incendiaron Pisagua y bombardearon Mollendo. Dejaron en seguida, para el bloqueo de Iquique a la corbeta Esmeralda y a la goleta Covadonga y se dirigieron al Callao para capturar por sorpresa a los buques peruanos. Como no tenía servicio de informaciones, ignoraba el almirante chileno Juan Williams Rebolledo que dichos barcos zarpaban del Callao conduciendo al Presidente Prado al Sur. Ambas escuadras se cruzaron sin verse. Después de desembarcar el Presidente en Arica, el Huáscar y la Independencia, informados del bloqueo de Iquique, avanzaron hasta ese puerto, a donde llegaron al amanecer del 21 de mayo de 1879. La contienda era desigual: barcos peruanos de acero contra barcos chilenos de madera. El Huáscar tomó a su cargo la Esmeralda que no pudo escapar por su escaso andar.; mientras la Independencia perseguía a la Covadonga puesta rápidamente en marcha hacia el sur.

Mandaba la Esmeralda Arturo Prat, nacido el 3 de abril de 1848, en cuyo historial contábase la participación en la captura de la Covadonga cuando éste era un barco español y el profesorado en la escuela naval. Hubiera podido rendirse o hundir su barco frente al Huáscar, no lo hizo. En el puerto de Iquique, cañones improvisados comenzaron a disparar contra la Esmeralda, la obligaron a salir de la posición próxima a la playa que había buscado y limitaron el campo de maniobra del adversario. Durante varias horas, el Huáscar estuvo disparando sin hacer gran daño. Entonces Grau decidió usar el espolón. Al chocar ambos barcos, Prat, el sargento Juan de Dios Aldea y un marinero, saltaron sobre el puente del monitor, y murieron allí. Después del segundo espolonazo, saltaron el teniente Ignacio Serrano y algunos marineros sobre el Huáscar para ser muertos enseguida. Al tercer espolonazo, la Esmeralda se hundió con su pabellón al tope. Eran las 12 y 10 p.m. El combate había durado cuatro horas.

Entre las distintas y contradictorias versiones peruanas de este encuentro debe ser resaltada la que dio Grau en su parte oficial. "El comandante de ese buque (expresó allí refiriéndose a la Esmeralda) nos abordó, a la vez que uno de sus oficiales y algunos de sus tripulantes por el castillo y en la defensa de ese abordaje perecieron víctimas de su temerario arrojo". A su vez, el jefe de Estado Mayor del Ejército del Sur, Antonio Benavides, en su parte al general en jefe de dichas fuerzas, escrito el mismo 21 de mayo, expresó su admiración ante el hecho de que la Esmeralda no se hubiera rendido "sucumbiendo heroicamente con sus tripulantes". Homenaje a este barco y a quienes a él pertenecían rindió desde el diario El Comercio de Iquique el periodista y poeta tacneño Modesto Molina al hacer la crónica del combate. Puede decirse que Molina fue el primer cantor de la hazaña de Prat.

De resultas de lo ocurrido en Iquique, cuenta el marino norteamericano Mason que se detiene largamente en este encuentro con interés profesional y por el entusiasmo ante sus protagonistas, Grau cambió su tripulación en parte con el propósito de tener artilleros más eficientes e hizo no sólo reparaciones sino arreglos en su barco para ponerlo en mejores condiciones para combatir. Entre los muertos peruanos en el Huáscar estuvo el teniente Jorge Velarde.

LA PÉRDIDA DE LA INDEPENDENCIA.

Mientras tanto, la Covadonga, dirigida por un práctico inglés, en su retirada llegaba a Punta Gruesa y pasaba indemne sobre rocas submarinas gracias a su poco calado. La gruesa artillería de la Independencia de nada sirvió (dice Paz Soldán) como consecuencia precisa de un buque que emprende una campaña sin haber hecho antes un solo ejercicio de fuego ni de maniobras". El parte del comandante More está de acuerdo con esta versión. Dice: "Habían transcurrido hasta entonces más de tres horas de combate y viendo lo incierto de los tiros de, nuestros cañones, por la falta de ejercicio, pues toda la tripulación era nueva...". Dos veces acometió la Independencia con el espolón y tuvo que retroceder al encontrar poco fondo, y así permitió a la Covadonga cuyo calado era escaso, aumentar la distancia. A la tercera arremetida, chocó la Independencia con una roca "que no está marcada en la carta, pues se encuentra al N. del último bajo que aparece en ella", dice More. Se llenó de agua el buque, apagáronse los fuegos y se suspendieron los calderos. La Covadonga regresó entonces para ametrallar a los náufragos. Los cañones de la Independencia contestaron aunque casi los cubría el agua; luego siguieron las ametralladoras de las cofas y los rifles y revólveres de la tripulación agolpada en la cubierta, hasta agotarse las municiones. Y a mansalva, la Covadonga siguió haciendo fuego a los tripulantes que nadaban en el mar y al buque mismo; una de las bombas rompió el pico de mesana donde estaba izado el pabellón; pero More mandó ponerlo en otra driza. Todavía tuvo tiempo de hacer medir todo el contorno del buque: la sonda marcó por todos los lados de cinco y media a seis brazas, o sea una profundidad considerable.

Grau había gastado bastante tiempo agotando sus esfuerzos para salvar a los sobrevivientes de la Esmeralda, al bajar a tierra algunos de ellos en Iquique dieron vivas "al Perú generoso". Avanzó luego en busca de la Independencia y la encontró cuando se hundía con veinte hombres a bordo, More entre ellos, que prendieron fuego al buque antes de abandonarlo. Al avanzar el Huáscar, la Covadonga reanudó su fuga. Al testimonio de More y Paz Soldán ya mencionado, preciso es agregar otra consideración, no ajena a la desgracia de Punta Gruesa. La marinería que se embarcó en las naves peruanas fue colecticia, formada en parte por fleteros. También hubo en el primer momento tolerancia para algunos jóvenes que sin ser marineros ni militares quisieron embarcarse. Estos voluntarios fueron llamados "cucalones" porque uno de ellos, apellidado Cucalón, murió ahogado al ser arrojado al mar por la corriente de aire producida por un fogonazo del Huáscar.

LA OPINIÓN PRIVADA DE GRAU SOBRE EL COMBATE DEL 21 DE MAYO.

Una carta inédita de Grau a Prado facilitada al autor de este libro por gentileza de la señora Angélica Gutiérrez de González, a quien pertenece, concesión obtenida gracias al señor Ismael Cobiá Elmore, Ofrece la opinión personal del comandante del Huáscar acerca del combate de Iquique.

La primera impresión que transmite Grau al Director de la campaña es que se ha producido un desastre. Justifica luego la demora en echar a pique la Esmeralda por la noticia que le transmitió el capitán del puerto de Iquique en el sentido de que ese barco hallábase defendido por un cordón de torpedos.

Luego expresa: "La falta de disciplina y de ejercicios de fuego en la ya mencionada fragata (Independencia) ha sido la verdadera causa de su pérdida, esta es la pura verdad como le será fácil a Ud. poder corroborar si se informa privadamente de todo lo que ha pasado en ese buque desde antes del combate y después de él". ¡Grave Revelación!

EL SIGNIFICADO DEL COMBATE DEL 21 DE MAYO.

La jornada del 21 de mayo fue decisiva para la suerte de la campaña marítima y señaló el destino que iba a tener la guerra. Chile quedó sin una vieja corbeta de madera de 850 toneladas, mal armada, reliquia de la guerra de 1866 y tonificó su espíritu patriótico con el heroísmo de Prat y de sus compañeros. El Perú perdió el primer barco de la escuadra, la fragata de 2004 toneladas mejor que el Huáscar como que había costado dos veces más. "Ese día (declaró Prado en su manifiesto de Nueva York en agosto de 1880) pudimos haber resuelto en nuestro favor el problema de la guerra, porque debimos apresar o echar a pique los tres buques enemigos que estaban en Iquique (alude a la Esmeralda, la Covadonga y el transporte Matías Cousiño), ese mismo día debieron, conforme a mis órdenes e instrucciones, pasar nuestros buques a Antofagasta donde habrían sido echados a pique o caído en nuestro poder cuatro o cinco transportes chilenos llenos de tropa que llegaban a la sazón. Puede calcularse cuál habría sido el desastre del ejército de Antofagasta, considerando el efecto que hubiera producido la pérdida de las fuerzas de a bordo y la destrucción de las máquinas de agua que surtían la tierra".

Habrá quien encuentre demasiado optimistas estas hipótesis. Pero, de todos modos, juntos, .el Huáscar y la Independencia hubieran por lo menos disminuido las desventajosas condiciones dentro de las que luchaba el Perú.

GUILLERMO GARCÍA Y GARCÍA.

Uno de los muertos en la Independencia fue Guillermo García y García. Nacido en Lima en 1847 habíase dado a conocer hacia 1863 en el Colegio Militar en la sección destinada a quienes aspiraban a pertenecer a la profesión naval. Terminados sus estudios sirvió en la escuadra y llegó a tener la clase de alférez de fragata. Se dedicó después a la marina mercante. Al mando de buques de vela se dirigió a la costa de la China y en varios viajes felices logró asegurar su reputación profesional. Como comandante de la Florencia navegó desde Inglaterra, pasó por el canal de Suez e hizo flamear quizás por vez primera el pabellón nacional en esa vía. En 1878 inició el comercio con Nueva Zelandia al llevar azúcar y al traer al Callao trigo. Acababa de casarse cuando estalló la guerra con Chile y le sonreía la perspectiva de lograr una fortuna si continuaba en el trabajo al que se había consagrado. Prefirió, sin embargo, ofrecer su vida a la defensa nacional. Tenía entonces treinta y dos años.

LA CORRESPONDENCIA ENTRE GRAU Y LA VIUDA DE PRAT.

Desde Pisagua, con fecha 2 de junio de 1879, Grau envió la siguiente carta a la viuda de Prat: "Dignísima señora: Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a remontar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique entre naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán, indudablemente, de algún pequeño consuelo en medio de su desgracia y por ello me he anticipado a remitírselas. Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respeto con que me suscribo de usted, señora, afectísimo y seguro servidor. Miguel Grau".

Los objetos antedichos fueron: una espada sin vaina pero con sus respectivos tiros: un anillo de oro de matrimonio; un par de gemelos y dos botones de pechera de camisa, todo de nácar; tres copias fotográficas, una de su señora y las otras dos probablemente de sus hijos; una reliquia del Corazón de Jesús, escapulario del Carmen y medalla de la Purísima: un par de guantes Preville; un pañuelo de hilo blanco, sin marca; un libro memorándum; y una carta cerrada dirigida al señor J. Lassero, Gobernación Marítima de Valparaíso.

La respuesta a esta carta fue la siguiente: "Valparaíso, agosto 1° de 1879. Señor Miguel Grau. Distinguido señor: Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del monitor "Huáscar" en 2 de junio del corriente año. En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo; y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo; prendas para mí de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto como los retratos de mi familia, o consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre".

"Al proferir la palabra martirio no crea usted, señor, que sea mi intento de inculpar al jefe del Huáscar la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que arrostrando el furor de innobles pasiones sobre, excitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aun el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón.

"A este propósito, no puedo menos que expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América, las escenas y los hombres de la epopeya antigua". "Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y afectísima S.S. Carmela Carvajal de Prat".