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VI.
EL ÚLTIMO VIAJE DE GRAU.
En su sermón de la Catedral de Lima el día 29 de octubre de 1879, Monseñor José
Antonio Roca y Boloña dijo: "Ninguno de vosotros, ignora la última expedición del
histórico monitor a la costa enemiga. Si esa expedición fue aconsejada por la prudencia
o la temeridad; si era mayor el riesgo que el provecho que de ella pudiéramos prometernos;
si el glorioso bajel había perdido poco o mucho de sus condiciones náuticas; si
el esforzado Contralmirante preveía inminente peligro o se halagaba con un resultado
feliz; si hubo tristes o risueños presentimientos, no lo sé si he sido parte a averiguarlo,
ni creo posible descubrirlo en estos momentos de indignación y de dolor ni me parece
patriótico escudriñar esas cosas".
Una carta de Grau a su esposa, fechada en Arica el 30 de setiembre de 1879, ubicada
por los diarios de Lima en; 1934, dice del Huáscar que "entre paréntesis, está sumamente
sucio".
Ramón Rojas y Cañas en su folleto La guerra del Pacífico (1880) afirma que el monitor
tenía una acumulación conchífera en sus fondos, por lo cual había perdido un quinto
de su velocidad; no obstante, fue enviado a su última y fatal expedición. Lo mismo
se lee en el manifiesto del Ministro de Hacienda del Vice-Presidente La Puerta.
José María Químper en 1880. La tesis de Rojas y Cañas está amparada también por
lo que expresa Manuel Vegas García en su Historia de la Marina de Guerra del Perú.
Por el contrario, el historiador Mariano Felipe Paz Soldán afirma que Grau insistió,
contra la opinión del Presidente Prado, en llevar a cabo ese viaje. Lo mismo expresó
Prado en su manifiesto de Nueva York en agosto de 1880.
En actitud totalmente opuesta, la historiografía chilena, cuyo más alto exponente
es Gonzalo Bulnes, y también el militar sueco Ekdahl al servicio de Chile, afirman
que Grau, cansado de la excesiva espera que implicaban las hostilidades a la costa
chilena sin resultados decisivos, tomó la iniciativa de su última aventura ante
la noticia, que luego resultó falsa, del desembarco de una división del ejército
invasor en Patillos, al sur de Iquique, Ekdahl elogia lo que llama el audaz plan
estratégico de Grau. Sigue a Bulnes, que expresó: "Lo relativo a la invasión por
Patillos fue dicho a nuestros marinos por los prisioneros del Huáscar explicándoles
el objetivo del viaje efectuado por el monitor".
Tenemos, pues, tres explicaciones: 1) Grau quiso reparar su barco averiado y lo
obligaron a viajar. 2) Grau se lanzó a una nueva aventura contra la voluntad del
Director de la Guerra; 3) Grau quiso ejecutar un audaz plan estratégico.
El asunto parecería ocioso si Mariano Felipe Paz Soldán hubiese señalado como uno
de los motivos para el supuesto empecinamiento de Grau, el deseo de complacer a
quienes entre sus amigos querían el incremento de las hazañas del Almirante para
favorecer así su candidatura presidencial en las elecciones de 1880. En esto me
permito tener una discrepancia absoluta con Paz Soldán, ciudadano probo e historiador
muy valioso y bien intencionado, aunque lleno en esos momentos de pasiones políticas
.que se agitan borrascosas en este ciudadano, por lo demás estimable como en general
en nuestros hombres de esa época, traumatizados por la sucesión implacable de desdichas
que al país azotó. Los
chilenos hallaron, al capturar el Huáscar las dos últimas
instrucciones dadas por Prado a Grau en Arica y las dieron a la publicidad después
de que Paz Soldán editó su libro. Allí está la prueba incontrastable de que la expedición
obedeció no a un gesto caprichoso sino a órdenes superiores. En el último texto
avalado por el secretario Mariano Alvarez se ordena, con fecha 30 de setiembre,
primero el viaje a Pisagua para desembarcar a jefes, oficiales y bultos bolivianos,
y luego a Iquique con la finalidad de ayudar al transporte Rímac. Luego aparecen
reproducidos en su esencia en los artículos 4°, 5° Y 6°, los artículos 4° y 5º de
un documento anterior fechado el 21 de agosto: dirigirse a Tocopilla o eventualmente
a Antofagasta para emplear contra alguno de los blindados enemigos un torpedo ya
embarcado en el monitor junto con el torpedista Waigh. Pero al final de las mismas
instrucciones leemos esta adición: "No siendo posible la aplicación de los torpedos
a causa de la claridad de las noches, queda sin efecto todo lo relativo a ellos".
Preguntamos: ¿Por qué esta rareza de incluir órdenes que el mismo texto descarta
en su párrafo final? El Huáscar y la Unión zarparon de Arica en la madrugada del
30 de setiembre. El monitor acababa de regresar de un viaje a Iquique entre el 27
y el 28 de setiembre. Cabe preguntar si existieron motivos urgentes y secretos para
esta salida; el corresponsal del diario La Opinión Nacional de Lima, Julio Octavio
Reyes, se quedó en Iquique.
En resumen, sabemos hoy tan poco sobre la quinta y última expedición del Huáscar
como lo que Roca y Boloña dijo que sabía acerca de ella. Paz Soldán ha quedado refutado;
pero no sólo existen estas pruebas escritas. Hay una prueba moral. En ningún momento
surgieron indicios de que funcionase la influencia de los civiles en la conducta
del héroe para llevarlo a un acto de indisciplina totalmente alejado de su sicología
y de su ética. El mismo se encargó en varias ocasiones no de destacar sus proezas,
sino de disminuir la trascendencia de ellas, en una actitud, por cierto, muy distinta
de la del político ambicioso. En la ya citada misiva confidencial de 10 de setiembre
a Carlos Elías, veinte días antes del último viaje, hay una postdata que dice: "Dales
memorias a nuestros amigos de Hoja Redonda (alude a una hacienda en Chincha), diles
que si los héroes son como yo declaro que no han existido héroes en el mundo". Antes,
al empezar el mismo documento, escribió: "Tú no ignoras querido Carlos, que soy
hombre de pocas palabras; pero las que sencillamente expreso son naturales y nacidas
en el corazón". |
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