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IX.
LA CORBETA "UNIÓN" EL 8 DE OCTUBRE.
A diversos y a veces apasionados comentarios dio lugar la actuación de la corbeta
Unión y de su comandante Aurelio García y García el 8 de octubre. Las instrucciones
que tanto él como Grau habían recibido eran, como se ha visto, la de no comprometer
las naves ante fuerzas superiores salvo encontrarse en la imposibilidad de retirarse.
Una junta de jefes a bordo de la Unión adoptó aquel día el acuerdo unánime de trabar
combate "cualesquiera que fueran las consecuencias" "en el caso de que se estrecharan
las distancias con las naves enemigas de tal modo que pudieran éstas ofendernos
con sus fuegos". La Unión, después de haber maniobrado para
atraer sobre sí, en
cuanto pudo a la escuadra enemiga, logró escapar luego debido
a su andar mayor que
el del Huáscar. En una carta dirigida a García y García el 13 de enero de 1880,
Pedro Garezón, último comandante del Huáscar, afirmó: "La Unión desde que distinguimos
a las naves chilenas, antes de amanecer, consiguió con sus arrojadas y hábiles maniobras
acercarse a los enemigos y llamar sobre sí la atención de esos buques, llevándoles
hacia el Sur. Por ese medio nos facilitó, el que con el Huáscar pasáramos al Norte
describiendo una gran curva por el Oeste. Luego que aclaró y los chilenos conocieron
su error, vino la Unión a interponerse entre esos buques que formaban la primera
división y nuestro monitor; para esta hora, ya franco más al Norte, así continuamos
navegando hasta que se avistó por el N.O. la segunda división enemiga. Entonces la Unión se aproximó más a nuestro costado de estribor a distancia de estar casi al habla, sin que yo como oficial de derrota y señales y que me hallaba
al Iado del malogrado e inolvidable contralmirante Grau, recibiese de él ni nadie a bordo,
órdenes respecto de señales; las que, por lo tanto, ni entonces ni antes, ni después
se le hicieron de ningún género a la Unión. Ambos buques procurábamos salir de la
emboscada que fuerzas poderosísimas nos habían armado, esto es la verdad y lo que
el deber, el honor y las conveniencias nacionales prescribían hacer".
Garezón terminó su carta con una apreciación llena de cordura: "Lamentar, pues,
como con justicia se hace, la pérdida irreparable del Huáscar y acusar a la Unión
que ninguna ayuda podía darnos, porque no ocurrió igual fin desgraciado, es algo
ilógico y que sólo podrá explicarle por un acto de irreflexible exaltación patriótica
al frente de sucesos tan trascendentales".
García y García fue sometido, a su solicitud, a un sumario indagatorio para aclarar
su conducta y procedimientos. El Consejo de Oficiales Generales expidió sentencia
el 17 de mayo de 1880. En su parte considerativa expresó dicho fallo "que del proceso
resulta plenamente probado que la corbeta Unión procedió de conformidad con las
instrucciones del entonces director de la guerra; que
durante el encuentro y maniobras
que se siguieron ante esas fuerzas enemigas poderosas no recibió la Unión órdenes
ni señales del jefe superior que se hallaba a bordo del Huáscar para alterar dichas
instrucciones; y que las condiciones especiales de la Unión no le permitían
otro género de evoluciones que las efectuadas".
De conformidad con lo opinado por los
dos fiscales de la Corte Suprema, por el fiscal militar que entendió del sumario
y por el auditor de
marina, el Consejo de Oficiales Generales, por unanimidad de
votos, absolvió "definitivamente de todo cargo y responsabilidad al capitán de navío
D. Aurelio García y García, sin que el presente proceso pueda en ningún tiempo ni
circunstancia serIe de nota en su carrera ni en su nombre". Firmaron la sentencia
Juan Nepomuceno Vargas, Diego de la Haza, José Elcorrobarrutia, Hercilio Cabieses,
Lino de la Barrera, Luis Germán Astete y Juan Manuel Fanning. La sentencia fue luego
aprobada por resolución suprema el 30 de julio de 1880, refrendada por Piérola y
firmada por Manuel Villar.
"No quiso nadie en el Perú darIe a la guerra marítima el carácter defensivo que
la debilidad imponía", ha escrito Pedro Dávalos y Lissón. "La opinión pública repudió
la prudencia. No la aceptó y si empeño hubiera habido en llevarIa a la práctica,
una insurrección popular apoyada por el ejército, hubiera derrocado a Prado. La
patriotería nacional, no combatida por la prensa, sino más bien estimulada por ella,
y que llegó al extremo de perturbar los dictados de la razón y la prudencia, se
aproximó a la crueldad con que un populacho inconsciente trata al valiente torero
que saca el cuerpo a un toro que no tiene condiciones para la lidia.
Hubo el deseo
de que nuestros marinos se comportaran no como hombres, sino como semidioses y que
todos sus actos fueran dignos de la epopeya. La hazaña meritoria de García y García,
hazaña que salvó la corbeta Unión en el combate de Angamos, fue considerada como
una cobardía...", agrega Dávalos y Listón. |
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