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LA PRIMERA CAMPAÑA DEL
EJÉRCITO PROFESIONAL (TARAPACÁ).
I. EL GENERAL HILARIÓN DAZA.
El general Hilarión Daza, que
gobernaba en Bolivia en 1879, había sido elevado a la magistratura suprema por un
motín militar. Sus actos fueron sancionados por un Congreso elegido bajo su directa
influencia, que le designó Presidente provisorio hasta 1880. No representaba un
partido o grupo político. Era el último representante de los personajes que en Bolivia
ha llamado Alcides Arguedas "caudillos bárbaros". Un contemporáneo suyo, también
boliviano, José Vicente Ochoa, en su obra Semblanzas de la guerra del Pacífico,
lo pinta de la siguiente manera: "Su estatura elevada hace ver un tronco bien formado,
crecido, si se nos permite la palabra, al rudo choque de los sufrimientos, largas
caminatas y agitaciones del soldado, como esos árboles de las montañas que crecen
entre las tempestades. De fisonomía resuelta, presenta en el color amarillo que
la reviste y en la ancha y plana frente con que se descubre, algo de feroz y siniestro.
Sus pequeños ojos, cuando miran, expresan malicia y engaño, desconfianza y cólera,
distracción e hipocresía, todo menos placer y tristeza, parecen ajenos a los sentimientos
del alma. Sus pómulos sobresalientes se destacan aún más, en las contracciones de
la gruesa nariz que los separa, cuando lanza ésta resoplidos de rabia salvaje y
hace que se desarreglen el grueso bigote y el largo mostacho que le siguen, constantemente
retorcidos con el mayor cuidado. De cuerpo bastante bien formado sabe aprovechar
de él para dar a su andar todo el aire marcial de un soldado".
No obstante su decisiva contribución personal a la declaratoria de guerra, Daza
no había percibido su significado y su contenido. La noticia de la captura de Antofagasta
por los chilenos la ocultó tres días con el objeto de que no fuesen interrumpidas
las fiestas del Carnaval. El orden público era inestable, pues se hablaba mucho
de conspiraciones. El protocolo complementario de la alianza firmado con el Perú
especificando las obligaciones de Bolivia, así como el reclutamiento para el ejército,
severamente cumplido con las clases privilegiadas, el empréstito forzoso para la
guerra y las requisiciones de caballadas y acémilas produjeron gran descontento.
Toda esperanza de Daza fue puesta en la ayuda de su aliado; y cuando recibió 1.500
rifles Chassepot hubo dianas y repiques en día de "Viernes Santo", si bien pronto
se comprobó que este armamento era inservible.
BÚSQUEDA DE UN ACUERDO ENTRE DAZA Y CHILE.
Dos cartas a Daza del ingeniero Justiniano Sotomayor, hermano del jefe de Estado
mayor chileno, la primera de las cuales tuvo fecha
8 de abril de 1879, representaron
un temprano esfuerzo para separar al Presidente boliviano del Perú. Sotomayor, residente
largo tiempo en Bolivia al frente de empresas mineras, había mantenido relaciones
cordiales con Daza y con otros hombres públicos; en sus comunicaciones señaló que
este país cometía un error al solidarizarse con el Perú y trató de propiciar un
arreglo con Chile que creía aún hacedero. Daza mandó publicar las cartas de Sotomayor,
con lo cual divulgó ideas que también tenían partidarios bolivianos. Activas fueron
las gestiones de la diplomacia chilena en el mismo sentido propuesto por Sotomayor,
ya mediante el sondeo al ministro boliviano en Buenos Aires Quijarro (telegrama
del canciller Domingo Santa María el 26 de abril de 1879) ya a través de una comunicación
conciliatoria al prefecto de Cobija, ya por el acercamiento a políticos de la oposición
como Casimiro Corral a quien le fue ofrecida ayuda para una sublevación.
LA MISIÓN SALINAS VEGA.
Pero la cuestión concreta partió de un boliviano residente en Chile, Luís Salinas
Vega, hombre inteligente, serio, activo y relacionado con importantes familias de
su país. Viajó Salinas Vega con encargo de Domingo Santa María para auscultar el
ambiente sobre la posibilidad de un acercamiento al adversario en la guerra apenas
iniciada.
Daza no había querido movilizar sus tropas sobre la costa. Los telegramas de Lima
para que "vuele el ejército boliviano a Tacna" lo decidieron. La marcha fue penosa
y duró muchos días, bajo los rigores del hambre y del frío. En Tacna estuvo Salinas
Vega y allí encontró descontento y recelo en los bolivianos hacia el Perú, país
al que veían carente de recursos para la guerra. Cuando volvió a Chile expresó a
Santa María que Daza, a pesar de haberse expresado inamistosamente acerca de los
chilenos, aceptaba entrar en negociaciones y que idéntica era la actitud de varias
personalidades bolivianas. El mismo Salinas Vega ha escrito años después, en la
carta por él enviada desde Berlín a Alberto Gutiérrez y publicada en Revista Chilena
de 1920, que Daza estaba entonces descorazonado, desilusionado y hasta herido "por
el modo cómo se les había recibido en Tacna, en donde habían podido también ver
que el Perú no estaba preparado para la guerra y carecía de elementos y aquí debo
declarar -agrega- que encontré a Daza con ideas levantadas, lleno de espíritu patriótico,
ansioso de gloria con profundo desprecio por el Perú.
Mientras él fue a Chile a continuar las negociaciones (sigue contando Salinas Vega),
el Presidente Prado llegó a Tacna y corrió la voz de que se negociaba la compra
de buques de guerra y de considerable armamento de Europa. Al llegar a Santiago
supo la noticia del combate de Iquique, que fue la ruina de la escuadra peruana.
Creció entonces la ambición de Chile -sigue diciendo Salinas Vega- y el ministro
chileno Domingo Santa María habló con Gabriel René Moreno, el otro comisionado boliviano,
pero ya con frialdad y despego, y "esto explica por qué las instrucciones que llevó
Moreno y las proposiciones hechas a Daza fueron tan mezquinas"
LA MISIÓN RENÉ MORENO.
Gabriel René Moreno, ilustre historiador y bibliógrafo boliviano largo tiempo residente
en Chile, profesor y bibliotecario del Instituto Nacional, había sido señalado por
Daza como agente portador de las proposiciones que
iba a hacerle Chile. Por medio
de Salinas Vega, ordenó Daza a René Moreno trasladarse a Tacna con el propósito
indicado sin albergar dudas sobre el servicio a la patria que su misión significaba.
En las bases entregadas a René Moreno por el gabinete chileno y que tan mezquinas
parecieron a Salinas Vega quedaron comprendidas: la alianza boliviano-chilena en
guerra
contra el Perú, la cesión a Chile del litoral boliviano, la ocupación de
Tacna y Moquegua por Bolivia, vagas seguridades para el acceso de este país al Pacífico
en el tratado de paz y la entrega de una pequeña cantidad de dinero por el presunto
nuevo aliado de la República del altiplano.
René Moreno se embarcó en dirección a Tacna en los primeros días de junio. Regresó
a mediados del mismo mes. Dio cuenta a Domingo Santa María de las varias conferencias
celebradas por él con Daza en Arica. Su versión fue distinta de la que había llevado
Salinas Vega. El Presidente boliviano se manifestaba irritado con los chilenos y
receloso de ellos, vacilaba para romper con el Perú, pues juzgaba que no había llegado
el momento oportuno y temía un movimiento subversivo que le hiciera perder el poder
y la vida. Conocida la actuación de René Moreno, se produjo en Bolivia una violenta
polémica acerca de su conducta y se llegó a petición suya, a la formación de un
tribunal de honor compuesto por el arzobispo de La Plata, el presidente y tres vocales
de la Corte Suprema, el prefecto del departamento de Sucre y el presidente del Tribunal
Mayor de Cuentas. Este primer fallo fue absolutorio y tomó en cuenta que el historiador
y bibliógrafo convertido en agente diplomático había actuado en obedecimiento a
un mandato confidencial del Presidente de su nación limitándose a ser el portador
del rechazo verbal a unas proposiciones. El fallo fue confirmado por el gobierno
boliviano. Sin embargo ante la violencia de su folleto Daza y las bases chilenas,
fue acusado René Moreno por las autoridades de Sucre y condenado a cuatro años de
presidio por haberse puesto al servicio de Chile y por
haber suministrado al enemigo
noticias acerca de la situación de Bolivia. (6 de diciembre de 1881).
El publicista chileno Ignacio Santa María, a quien se debe un estudio detallado
de la misión René Moreno, cree que la presencia de Prado dio lugar a que fuesen
rodeando y vigilando a Daza personas de segura fidelidad al Perú y a que se pronunciacen
por éste país o incrementaran su adhesión a él, diversos políticos y militares bolivianos.
La campaña del Huáscar también debió surtir importantes efectos, así como las ilusiones
sobre compras de buques en Europa e intervención de Argentina en la guerra que,
por corto tiempo, pareció inevitable.
El gobierno peruano, sea por cálculo o por coincidencia, no suministró entonces
armamento al ejército de Bolivia.
EUSTAQUIO SIERRA.
Daza dejó abierta la puerta para comunicarse con el ministro Domingo Santa María.
El medio para mantener este contacto fue escribirle con el nombre de Eustaquio Sierra,
según narra Ignacio Santa María. Con fecha 25 de junio de 1879, desde Arica, Eustaquio
Sierra pidió medio millón de pesos chilenos para "reducir al General Daza a los
deseos del gobierno de Chile" e insistió en la misma demanda el 2 de julio. Luego
la retiró ante la noticia de que la Argentina entraba en la guerra (23 de julio).
Se ha dicho que, con esa clase de rumores, Argentina presionaba a Chile para el
arreglo de sus diferencias. El Historiador boliviano Miguel Mercado Moreira niega
que Eustaquio Sierra y Daza fuesen una misma persona. En todo caso la gestión Daza
fracasó.
"¡NO SOLTÉIS EL MORRO!".
El de Chile no perdió, sin embargo, la esperanza de atraerlo y por ello fueron emprendidas
las operaciones bélicas conocidas con los nombres de campañas de Tarapacá y de Tacna
y Arica. Triunfante el ejército chileno en estas jornadas, ya se hizo tangible la
posibilidad de su victoria final sin la necesidad de la concurrencia de Bolivia;
y se consideró que los sacrificios hechos requerían compensaciones mayores que las
señaladas al principio. "Fue entonces (dice Bulnes) que para contener y desvirtuar
las corrientes de opinión favorables a Bolivia lanzó Vicuña Mackena aquel famoso
grito, de tan trascendental consecuencia: ¡No soltéis el morro! Ese grito histórico
cambió la opinión".
LA COLABORACIÓN DE BOLIVIA HASTA LA CAMPAÑA DE
TACNA.
A pesar de todo, pues, Bolivia intervino en la guerra hasta el fin de la campaña
de Tacna bajo pésimas condiciones no
sólo políticas, sino también hacendarías, económicas
y sociales. Sufría entonces su población los estragos de la sequía y de la peste;
hubo gente que murió de hambre en Cochabamba, Sucre y Potosí.
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