|
|
III. LA CRISIS INTERNA PERUANA POR LOS DESCALABROS INTERNACIONALES.
La terminación de la primera campaña terrestre a fines de noviembre dejó como saldo, después de la
pérdida del Huáscar y de la Independencia, y no obstante la llamarada heroica de Tarapacá, la pérdida
de ese departamento y el quebrantamiento del ejército profesional peruano. La principal fuente de
riqueza nacional, el territorio salitrero, había sido ocupado por el enemigo. Nadie le disputaba el
dominio del mar. El ejército aliado se hallaba gravemente afectado por el infortunio y de hecho estaba
amputado. Recriminaciones mutuas, desconfianzas y querellas abrían grietas en la alianza Perú-boliviana.
Los nuevos barcos que debían rehacer la escuadra no llegaban. Ambos gobiernos, no muy firmes antes de la
guerra, empezaron a tambalearse. En el Perú el general Juan Buendía fue sometido a juicio. Pero el curso
infausto de la guerra, la crisis económica y el desconcierto político habían colocado en situación difícil
al régimen mismo.
El desastre de la campaña de Tarapacá exacerbó la virulencia de la oposición.
LLEGADA DE PRADO A LIMA. NUEVA GESTIÓN PARA EL INGRESO DE PIÉROLA AL MINISTERIO.
El 28 de noviembre llegó a Lima el Presidente Prado después de nombrar al contralmirante Lizardo Montero jefe
superior, político y militar de los departamentos del sur. "Aunque las calles por donde pasó a pie desde la
estación del ferrocarril hasta la casa de su familia (dice Paz Soldán) estaban llenas de gente y lo acompañaban
gran número de personas notables, reinó profundo silencio". Entre los acompañantes estuvo Piérola. Llamó Prado
a Piérola el 1º de diciembre y le ofreció la presidencia del ministerio con amplia libertad de acción. Piérola
rehusó. Para explicar esta actitud, dijo el caudillo en una carta el 3 de diciembre publicada en su diario La
Patria: "1°) Los desastres sufridos son fruto necesario, no sólo de los hombres que están al frente de los
negocios, sino del régimen en que vivimos y contra el cual he luchado por todos los medios y durante diez años,
así en el gobierno como fuera de él: 2°) Manteniendo ese régimen es imposible hoy salvar la situación; y por lo
mismo, ayudar a sostenerlo lejos de trabajar por el Perú es trabajar porque se consume su ruina; 3°) En cuanto
a las personas que representan ese régimen tanto el señor general Prado como el señor general La Puerta han llegado
a ser imposibles como jefes de la nación en las actuales circunstancias; y por lo que toca al 2° Vice-Presidente,
me bastará decir que su alejamiento del país es claro testimonio de buen juicio y patriotismo; 4°) Los que se
irritan y me acusan porque no consiento en ser jefe del gabinete al cabo de ocho meses durante los cuales no he
sido hallado útil para nada presentándome obstáculos inconcebibles hasta para ejercer el derecho de hacerme matar
a la cabeza de un grupo de voluntarios, se irritan y me acusan no porque no acudo a salvar al país sino porque no
acudo a salvar la dominación que ellos han ejercido y que no han sabido emplear en el triunfo del Perú; 5°) La
legalidad no existe realmente. Está reducida en realidad no a mantener instituciones que han sido desnaturalizadas
y que este momento son incompatibles con el bien público sino a mantener en el poder a tales o cuales hombres; 6°)
Me resigné hace dos meses a presidir un gabinete para el que se me negó la libertad legal que el apuro de la situación
hace se me otorgue ahora; me resigné a ello sólo porque, previendo la inminencia de una invasión y la proximidad de
una batalla campal, era, ante todo, indispensable evitar en ella precisamente lo que ha venido sin razón que lo justifique.
Hoy no hay aquel motivo. Se necesita más, mucho más; y aquella resignación mía no tendría ahora otra explicación y sería
culpable... 8°) Yo no me he negado a servir al país y a servirlo lo mismo en el último que en el primer puesto. Me he
negado y me niego a dos cosas: 1º A buscar ese puesto por mí mismo sin ser llamado a él. 2° A aceptarlo sin los medios
de hacer lo que creo indispensable al bien del país". Más adelante decía: "Si el país ha de salvarse necesita una
transformación política radical. O ella se verifica de arriba a abajo tomando el general Prado la iniciativa de una,
apelación al pueblo, única entidad legal que puede decidir; o esa transformación se verificará de abajo a arriba con
funesto estrago".
Piérola se sentía, en efecto, no sólo exento de responsabilidad de lo que había ocurrido y estaba ocurriendo sino
paladín de la lucha para evitarlo. Este pensamiento que es esencial para comprender el significado que el caudillo
se otorgó a sí mismo en la vida peruana desde 1872, reapareció en la vejez para inspirarle en alguna ocasión melancólico
orgullo al preguntar entre las aclamaciones frenéticas de sus partidarios: "Si la victoria hubiese premiado el esfuerzo
demócrata en Arequipa y Yacango, ¿habría tenido el Perú la bancarrota fuera, la miseria del billete fiscal inconvertible
dentro; la insensata guerra con Chile; la ruina y la humillación nacional... el desastre?".
LA TENTATIVA PARA FORMAR EL GABINETE IRIGOYEN Y SU FRACASO. LA RATIFICACIÓN DE
LOS MINISTROS ACTUANTES.
Entre el 30 de noviembre y el 2 de diciembre de 1879 hubo ajetreos para formar un nuevo gabinete, sin Piérola. Prado
expresó a Montero en la primera de las cartas de diciembre publicadas por el R.P. Rubén Vargas Ugarte que se glosa
enseguida: "Así las cosas, después de muchas dificultades, se convino en que el nuevo ministerio quedara organizado
con el siguiente personal: Presidente del Consejo y Ministro de Relaciones Exteriores, señor Yrigoyen; Gobierno, Dr.
Alvarez; Justicia, Dr. Ribeyro; Hacienda, señor Denegri y Guerra, coronel Lara. Desgraciadamente, los señores Yrigoyen
y Ribeyro desistieron de lo acordado y, en presencia de esta nueva contrariedad que hacía más difícil la situación,
exponiendo el gobierno a quedar en acefalía, determiné continuar despachando con los ministros que servían al lado
del señor general La Puerta quienes se prestaron a ayudarme en las tareas de la administración".
Si se hubiera constituido el gabinete Yrigoyen, en él habrían figurado junto con este personaje, dos más que
también aparecieron en el equipo que trató de formar el general La Cotera antes de octubre de 1879, los señores
Aurelio Denegri y Ramón Ribeyro.
El 2 de diciembre fue ratificado el gabinete La Cotera.
El 4 de diciembre renunció el ministro de Relaciones Exteriores Rafael Velarde. Dijo que cumplía este propósito por
tercera vez. Fue su dimisión aceptada el 11 de diciembre y quedó el señor Quiroga, ministro de Justicia, encargado
de la cancillería. El 12 manifestó Quiroga que las personas solicitadas no habían aceptado ésta, que sólo
provisionalmente la asumía él y que también quería renunciar la cartera de Justicia. Sin embargo, continuó en sus
funciones. El 16 de diciembre se reunió en el Club Literario un numeroso grupo de personas del foro, el comercio,
las Cámaras y el ejército presidido por el doctor Juan Antonio Ribeyro, Presidente de la Corte Suprema y el Obispo
Pedro José Tordoya. En esta asamblea se nombró una comisión para que se entrevistase con el Presidente y le pidiera
el castigo de los culpables del desastre del sur, ofreciéndole el concurso de los bienes y de las personas de los
allí congregados para recuperar Tarapacá; al mismo tiempo debía solicitarle el cambio del gabinete por "su manifiesta
ineptitud". Formaron parte de la comisión Manuel Francisco Benavides, José de la Riva-Agüero, Miguel San Román, M.
Seminario y Váscones, Carlos M. Elías, José Ignacio Távara, Luis Carranza, Cesáreo Chacaltana y Julián Sandoval. Prado
los recibió y escuchó con benevolencia lo que dijeron; pero no dio una respuesta terminante.
|
|