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V. CAÍDA DE DAZA Y PRESIDENCIA DE CAMPERO.
Daza había establecido su cuartel en Tacna. Las gestiones chilenas para apartarlo de la alianza no habían conseguido
resultados positivos. El coronel boliviano Federico Lafaye, enviado desde Chile a proseguirlas, dio un manifiesto
favorable a la guerra. Sin embargo, sobre el dictador boliviano se cernían la censura, el desprecio y la sospecha
de cobardía y de traición, después de su retirada de Camarones y de la derrota de San Francisco. Corrió además, el
rumor de que se negaba a entrar en relación con Piérola y de que pretendía regresar del teatro de la guerra a Bolivia
para "castigar" a los que censuraban sus actos y "romper a balazos los periódicos subversivos pegados al pecho de sus
autores". Estalló la efervescencia popular en la tarde del 28 de diciembre de 1879, cuando, por medio de un comicio,
el pueblo de La Paz organizó una Junta de Gobierno. Las tropas bolivianas estacionadas en Tacna, encabezadas por el
coronel Eliodoro Camacho, el 27 de ese mes, desconocieron también la autoridad de Daza, aprovechando de un viaje suyo
a Arica a conferenciar con Montero. Los "hijitos" de aquél, los famosos "Colorados", nada pudieron hacer por su padre
putativo, porque habían sido enviados a las afueras de la ciudad de Tacna sin municiones. Daza se dirigió a caballo a
Mollendo y de allí a Arequipa, donde supo su caída en Bolivia. Entonces se marchó a Europa. Después de varios años
regresó a su patria a defenderse de las acusaciones que se le hacían por su conducta durante la guerra del Pacífico.
En Uyuni, la escolta que lo conducía a Sucre para su juzgamiento, lo asesinó. Quedó en el misterio si personajes del
régimen de Mariano Baptista, entonces dominante, lo eliminaron para evitar declaraciones sensacionales.
El 14 de enero de 1880 se amotinó nuevamente la guarnición de La Paz. Como solución para el problema presidencial
fue ungido el general Narciso Campero, contra sus propios deseos; al fin aceptó la primera magistratura hasta que
se reuniera una Asamblea Convencional (19 de enero). Como secretario general nombró a Ladislao Cabrera, el defensor
de Calama.
Entre las medidas dictadas por Campero estuvieron las órdenes necesarias para reforzar el ejército aliado acampado
en Tacna. Pero el batallón Murillo, en vez de dirigirse a esa ciudad, unido a los batallones Bustillo y el 2° de Oruro,
declaró en Viacha su rebeldía. El mismo día ocuparon estas tropas La Paz, pese a la resistencia que les opuso el
Presidente Campero con el batallón Victoria. La repulsa que encontraron los autores del motín fue ostensible. Con tal
motivo determinaron enviar siempre los refuerzos a Tacna; ellos se desbandaron a la salida en los suburbios de la
ciudad (18 de marzo). Campero logró volver a La Paz, restablecer el orden y enviar al fin mil quinientos hombres a
Tacna. El mismo salió luego a ponerse al mando del ejército aliado que guarnecía esa ciudad.
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