Ver en formato PDFIII. PEDRO BERTONELLI Y LA CRUZ ROJA EN TACNA Y ARICA, ALCIRA ZAPATA.

El médico italiano Pedro Bertonelli, natural de Spezia, llegó al Perú hacia 1866. Se alistó en las filas de los voluntarios de su país que asistieron al combate del 2 de mayo aquel año y rindió sus exámenes de revalidación del título profesional en 1869. En mayo de 1880 fue nombrado cirujano jefe del ejército del sur, después de haber prestado servicios en el hospital de Arica.

Bertonelli, encontró las ambulancias llenas de enfermos sin medicamentos y pocos materiales. Sus comunicaciones al Estado Mayor no merecieron respuesta. Casi en vísperas de la batalla de Tacna hizo trasladar, a pesar de todas las dificultades sus cuatro ambulancias al campamento del Alto de la Alianza. Producida la derrota, se quedó socorriendo a los heridos y a su firmeza se debió que los vencedores no los mataran y robaran a todos. No pudo impedir, sin embargo, algunas iniquidades. El día después de la batalla empezó la evacuación de las ambulancias y los heridos fueron repartidos en diversas casas y en el hospital de Tacna. Los chilenos no le proporcionaron recursos alegando que no los tenían y Bertonelli los pudo conseguir, después de grandes esfuerzos, abonándolos por cuenta de la Junta Central de la Cruz Roja. Las señoras de Tacna lo ayudaron con decisión. Una ambulancia formada por ellas dio oportunidad para que muchas prestaran servicios abnegadamente. Consagrada a los heridos día y noche, Alcira Zapata, contagiada de una enfermedad mortal, representó un heroísmo distinto pero similar al de los que se sacrificaron en los campos de batalla.

Bertonelli y Plácido Garrido Mendívil, director de la segunda ambulancia, se dirigieron a Arica después del combate del 7 de junio y realizaron, junto con colegas suyos peruanos, chilenos y de otras nacionalidades, una labor admirable aunque notoriamente desprovista de elementos curativos y asistenciales. Muchos heridos peruanos fallecieron desangrados por falta de servicios facultativos inmediatos en el campo de batalla o en el trayecto al hospital. Allí presentaron su colaboración profesional, además de Bertonelli, los médicos peruanos Luis Rafael Villalobos, José Víctor Palza, el español Eduardo Rodríguez Prieto, el ecuatoriano José Pérez y el boliviano Juan Quint.

Entre otras ariqueñas abnegadas, las hermanas Candelaria, Rosario y Demófila Guevara atendieron en sus domicilios a costa de enormes peligros e innumerables sacrificios a muchos heridos peruanos.

En Lima se inició un minucioso expediente sobre los abusos y vejaciones de que habían sido objeto, por parte del ejército chileno en Tacna y Arica, los miembros de las ambulancias civiles del Perú, con violaciones de las estipulaciones del convenio de Ginebra. A su vez, los chilenos acusaron a los peruanos de haber instalado en el hospital de Arica, al amparo de la bandera de la Cruz Roja, aparatos eléctricos que comunicaban con las minas y fosas esparcidas para defender la plaza. El superintendente de hospitales y ambulancias del 1er ejército del sur Toribio Arbayza negó solemnemente esta imputación.

LA REPATRIACIÓN DE LOS HERIDOS PERUANOS.

Por gestiones de José Antonio Roca, Presidente de la Asociación de la Cruz Roja, una parte de los heridos peruanos en las batallas de Tacna y Arica, fue embarcada, con permiso del alto comando chileno, en el transporte Loa para ser ellos entregados en el Callao a las autoridades peruanas, junto con los miembros de las ambulancias de la misma nacionalidad. Llegaron a este puerto el 22 de junio de 1880. Anteriormente análoga misión había sido cumplida por los barcos Coquimbo y Luxor con los heridos de Pisagua y San Francisco.

EL TRASLADO DE LOS RESTOS DE BOLOGNESI, MORE Y ZAVALA.

Gracias a análogas gestiones, el transporte Limeño llegó al Callao el 4 de julio de 1880 conduciendo otros oficiales y soldados heridos, más de 300 "rabonas" y las monjas del hospital de San Ramón de Tacna. Su comandante el señor Azcárate había solicitado de las autoridades chilenas de Arica permiso para conducir a bordo los cadáveres de Bolognesi, More y Zavala y lo obtuvo. Los despojos de estos gloriosos patriotas fueron bajados del Morro, remitidos a la iglesia y llevados al muelle con honores militares. El embarque de los heridos recibió toda clase de facilidades, tal como había ocurrido antes con los que fueron conducidos al Loa, el Coquimbo y el Luxor.

En el Callao y en Lima hubo solemnes honras fúnebres a los tres héroes el 7 y 9 de julio. Los cadáveres quedaron depositados en un cuartel especial que había sido provisionalmente preparado en el cementerio.