LA TOPOGRAFÍA SOCIAL PERUANA AL CONCLUIR LA INDEPENDENCIA.

Supervivencias coloniales. — Al impulso emancipador, tanto por la falta de coherencia y de precisión en las miras de sus representantes, como por el predominio que tomó el aspecto militar de los acontecimientos, le faltó continuidad, energía, integridad. Al iniciarse la República, supervivieron por eso, en primer lugar, las bases generales de la vida social. Continuó la división de castas; si bien algunos españoles se retiraron a Europa, sus hijos peruanos fueron junto con los vástagos de la nobleza netamente criolla, los elementos más importantes de la vida de los salones; el régimen de la familia continuó sin alteración; los indios siguieron siendo "el barro vil con que se hace el edificio social"; los negros continuaron como gente anexa a las viejas casonas y a las grandes haciendas costeñas. El clero conservó su rol de dueño de la vida espiritual de las clases acomodadas como de las clases populares, premunido, además, de privilegios y fueros; aunque disminuyó en mucho el afán misionero en la región amazónica y el boato de los conventos.

Los organismos políticos fueron modificados: ya no el Virrey sino el Presidente, ya no las Audiencias sino la Corte Suprema, ya no las Intendencias sino los Prefectos, ya no los Cabildos sino las Municipalidades (salvo en las Constituyentes de 1834 y 1839). No eran exactamente idénticos en sus atribuciones los funcionarios mencionados; pero eran análogos. Lo que sí quedó con ese carácter idéntico fué la superioridad jerárquica de Lima, la predominante importancia de la costa. Además, como no había tradición de buena administración, el desorden se hizo más fácil en la República, al perderse el control que la metrópoli y sus directos mandantes representaban. Quedaron también el expediente o voluminoso, la tramitación larga, la morosidad burocrática. Quedaron, por último, acentuándose, la empleomanía, la búsqueda de honores y sine curas.

Desde el punto de vista legislativo, se nota que el esfuerzo de la República fué en la época inicial netamente constitucionalista, contrastando la exuberancia en lo que respecta a Constituciones, con la falta de codificación. Por ello, ya que los proyectos presentados por el Presidente de la Corte Suprema, Vidaurre no fueron aprobados y los Códigos transplantados por Santa Cruz tuvieron la fugacidad de la Confederación Perú-Boliviana, la legislación colonial continuó prácticamente hasta 1852. Desde el punto de vista económico, hay que anotar que la agricultura continuó en el mismo estado, aunque desmejorada por el problema de los brazos; y que la minería, fuente primordial de la prosperidad colonial, entró en un período de franca decadencia por la destrucción de las minas de Pasco, por la abolición de las mitas, por la falta de impulsos técnicos y por la carencia de brazos. El régimen de las contribuciones con las breves alteraciones impuestas por el cambio de régimen — supresión de monopolios, etc. — permaneció idéntico; porque apenas si para reformarlos hubo el decreto de San Martín pidiendo datos a los administradores regionales y estableciendo un premio para quien presentara el mejor plan de Hacienda Pública, decreto que no llegó a cumplirse.

Igualmente, cabe señalar de inmediato que no hubo solución de continuidad entre la educación colonial y la educación republicana. Perduraron el analfabetismo en las masas, la tendencia clásica y formalista en la instrucción en todos sus grados, el alejamiento de la orientación técnica, el régimen de los colegios universitarios, el descuido en la preparación de la mujer.

Se ha visto anteriormente que, inmediatamente después de la conquista, la corona española quiso limitar a los conquistadores privándolos de su intervención en el gobierno y de sus privilegios desmedidos sobre la tierra y los labriegos. Ante la formidable resistencia  que por medio de la violencia opusieron los conquistadores, la corona o sus emisarios optaron por dejarles el feudalismo económico, haciéndoles perder sólo el poder político. Este régimen de dominio económico — latifundio, servidumbre — perduró aún cuando al cabo de tres vidas, quedaron extinguidas las encomiendas. También perduró este régimen, dentro de la Emancipación y la República.

Supervivencias pre-coloniales. — A pesar de las largas centurias de dominación española, habían aún algunos rezagos pre-coloniales. Ellos eran, sobre todo, de carácter rural en las comarcas del interior. No debe omitirse el ayllu o comunidad que, aunque sin el vínculo totémico, supervive como único testigo de todas las alternativas por las cuales ha pasado el Perú desde los más remotos tiempos. Por consecuencia, la inmovilización de la vida en parte — hay que subrayar estas palabras "en parte" — de la tierra peruana, implicaba así mismo la inmovilización del régimen de la familia.

Además, otras supervivencias precoloniales existían en la religiosidad indígena, cuyo catolicismo estaba teñido con elementos idolátricos y ancestrales.

Factores aportados por la Emancipación. — La Emancipación había creado, sobre todo, un poderoso ejército. Se ha dicho, con razón, que la (Independencia fué de ejércitos más que de pueblos y que la libertad fué una libertad de caudillos. El ejército implicaba la más poderosa de las fuerzas sociales. Implicaba, así mismo, un seguro germen de trastornos por la indisciplina invívita en los elementos adventicios que lo constituían; por la prolongación de la guerra con España que había ya dado origen a trastornos y a rencillas; y por la idiosincracia criolla. Además, la presencia en territorio peruano de fuerzas colombianas daba lugar a celos nacionalistas; sentimientos análogos debían surgir ante la creación de Bolivia cuyo territorio no reunía las condiciones que requiere un verdadero Estado y cuyos vínculos con el Sur del Perú eran muy hondos.

Otro factor aportado por la Emancipación que influyó en la República fué el carácter netamente urbano y no rural, burgués o criollo y no indígena que dicho movimiento tuvo.

En los aspectos relacionados con el comercio, los extranjeros, la administración y las ideas, no deben omitirse: la venida de ingleses y yanquis — sobre todo — mediante la cual pronto, al amparo de la legislación republicana, que poco a poco fué destruyendo las barreras coloniales, los extranjeros asumieron el control del comercio y de las vías de transporte; la predominante influencia de las ideas francesas, muchas veces importadas a través de quienes las imitaban o trasegaban en España; la brusca declaración de todas las libertades, salvo la libertad de cultos; la división de poderes; la tendencia a seguir el sentido que tomaba la civilización europea en todas sus formas, con las limitaciones impuestas por las diferencias del medio y por la desfavorable posición en que geográficamente estaba colocado el Perú.