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LA NOBLEZA Y LOS ENRIQUECIDOS.
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La infer-estructura colonial perduró en los primeros tiempos de la República.
Un fenómeno, en otros casos cambiante y nervioso por su esencia, pero estático aquí,
la moda femenina (supervivencia de la saya y el manto hasta 1860) es su representación
más visible. Perduraron buena parte de los privilegios coloniales (latifundios,
privilegios eclesiásticos, etc.); y los que llegaron a ser liquidados, lo fueron
parcial o lentamente (mayorazgos, vinculaciones, diezmos y primicias, fueros).
No había sido la nobleza peruana, como
puede colegirse de la revisión
hecha anteriormente,
una capa social única o impermeable a través de toda la Colonia. Su génesis había
sido varia: la conquista en primer lugar; luego, cuando vino el entronizamiento
del virreinato, los conquistadores o sus descendientes fueron, en realidad, pospuestos
ante los funcionarios ó aristócratas venidos de España;
por último, en el siglo XVIII, aumentó la venta de títulos de nobleza por
las urgencias económicas de la
Corona, alcanzando esos
virreinato,
los conquistadores o sus descendientes fueron, en realidad, pospuestos ante los
funcionarios ó aristócratas venidos de España;
por último, en el siglo XVIII, aumentó la venta de títulos de nobleza por
las urgencias económicas de la Corona, alcanzando esos honores familias españolas
de origen comercial y burgués avecindadas en el Perú. Este mismo proceso de integración
y desintegración constantes se aceleró en la República. La ascensión comercial y
burguesa iniciada en el siglo XVIII se acentuó; pero si entonces ella giró alrededor de los cánones nobiliarios, en el siglo XIX la nobleza fué paulatinamente poniéndose
bajo la esfera de la influencia de los enriquecidos so pena de desaparecer,
aunque sin perder la vida social su carácter jerárquico.
La nobleza colonial, carente de entrenamiento político o directivo y empobrecida
con la guerra de la Emancipación y las guerras civiles posteriores, no tuvo el poder
político; pero conservó su poder social. La falencia del erario — sujeto, por las
revoluciones, al régimen de los empréstitos internos — impide en los primeros años
la postergación social y aún económica de la nobleza antigua. A partir de 1842 empieza
la lotería fabulosa del guano. Se descubren las propiedades fertilizantes de este
abono; su demanda para la agricultura europea se hace intensa; el Perú lo tiene en grandes cantidades y de la mejor calidad en islas que permiten la más fácil extracción.
El guano, negociado medíante un oneroso sistema de consignaciones, (la venta por
contratantes particulares a nombre del Estado, con comisiones para ellos, venta
incontrolada que da lugar, además, a un oneroso sistema de préstamos de los consignatarios
al Estado) ejerce una influencia triple en la evolución histórica del Perú: acentúa
el carácter costeño de la vida republicana; produce una enorme pero pasajera bonanza
presupuestal que redunda en la crisis y en la bancarrota, ya que a los errores de
las consignaciones mismas se agrega el despilfarro en los gastos públicos y el abandono
de la creación y ordenación sistemada de impuestos; y da lugar al encumbramiento
de una nueva clase social. Esta nueva clase social de enriquecidos se enlaza con
parte de la antigua nobleza genealógica. Comunidad de intereses comerciales y financieros,
matrimonios de enriquecidos con mujeres aristocráticas, matrimonios de aristócratas
con hijas de enriquecidos, los ligan. La clase plutocrático-aristocrática usufructúa
de los pingües provechos que a la agricultura de la costa produce la introdución
de los "coolíes" chinos como braceros, introducción precipitada en grande escala
después de la manumisión de los negros esclavos. Pasan los años y el militarismo
se va desacreditando. Han desaparecido ya los "mariscales de Ayacucho", es decir los combatientes en aquella batalla convertidos más tarde en presidentes y caudillos.
El creciente malestar económico y financiero obliga a dar preponderancia en las
luchas políticas a este factor. Cuando llega al poder Balta — hombre de cortos alcances
y de violentas pasiones — su ministro de Hacienda, un jurisconsulto eminente, el
Dr. Francisco García Calderón renuncia casi al mismo tiempo de ser nombrado, a causa de la grave situación financiera pues el Erario está exhausto y lleno de deudas
a los consignatarios. Entonces es llamado tal ministerio el hijo de un sabio que
fué antiguo Ministro de Hacienda y que vivió pobre en medio de la dilapidación:
un joven de treinta años, antiguo seminarista, antiguo periodista. Este hombre casi
desconocido, Nicolás de Piérola, afronta la situación con una actitud revolucionaria.
Hiere gravemente a los intereses de las clases capitalistas nacionales que formaban
casi en su totalidad la clase adinerada; y para ello corta las amarras con que tenían
ellos sujetado al Fisco y; negocia el guano con el contratista judío francés Dreyfus.
Piérola, pues, llama al capitalismo extranjero como reacción contra el capitalismo
nacional y sostiene impávido la agitación protestante de los perjudicados y sus
poderosos elementos afines en la sociedad, el Parlamento y la magistratura. Pero,
apartado Piérola, el gobierno entra en una loca carrera de empréstitos y negociados
y se desprestigia por estas dilapidaciones principalmente y también por sus medidas
arbitrarias y hasta por la incipiente ingerencia clerical que en él se oculta. Es así cómo en 1872 en nombre de una renovación administrativa —la "República Práctica"—
sube al poder con gran popularidad el partido civil que viene a ser la concreción
política de la nueva clase dirigente plutocrático-aristocrática. Se ha visto ya
las causas de esta popularidad. Pero sobre todo, esta popularidad hace crisis por
la traición de los Gutiérrez contra Balta y por el horrendo asesinato de éste. Jefe
de este partido es Manuel Pardo, hijo de un antiguo político, periodista aristocrático
y poeta autoritarista. "Parece haber nacido —dice de él en 1872 Mariano Amézaga
en su acerado folleto "Galería Financiera"— con dos propensiones igualmente enérgicas,
la de acumular oro y la de enseñorearse en las altas regiones de la política".
El predominio de la clase plutocrático-aristocrática
queda consolidado en el Perú.
Como el civilismo llega a ser la concreción política de esta clase, la muerte de
Manuel Pardo no acaba con dicho partido, caso distinto al de todos los demás partidos
nacionales. El predominio civilista preside la gradual evolución de la moda y las
costumbres bajo la influencia de España o Francia, la creciente importación del
europeísmo dentro de la infer-estructura colonial inalterable.
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