LA EVOLUCIÓN SOCIAL POSTERIOR.

 

El gran acontecimiento dentro de la vida peruana que es el desastre en la guerra con Chile no altera la composición social, si bien empobrece al país y relaja la importancia del Estado. Más tarde, la iniciativa individual, apoyada por el Estado y por la paz pública, echa las bases de la reconstrucción. A diferencia de los individuos, los pueblos pueden resucitar.

 

Finaliza el siglo XIX, cuando llega el capital extranjero a impulsar la minería. Esta penetración, que en ningún momento controla el Estado, se va extendiendo, no sólo por la necesidad de grandes capitales que la minería tiene, sino por la idiosincracia nacional. A su vez, la agricultura, en manos peruanas, gira alrededor de los mercados de Nueva York o Londres y resulta más tarde endeudada al capital extranjero. Extranjeros son los servicios de transportes. Nuestra economía resulta, sobre todo, después de la apertura del canal de Panamá y mucho más con la guerra europea de 1914-18 y sus consecuencias, semicolonial. A ello se agrega la política de los empréstitos que implican un enfeudamiento financiero progresivo. El centro alrededor del cual gravita la vida económica y financiera se va volviendo, cada vez más Estados Unidos, desplazando a Inglaterra, dominante hasta antes de la apertura del canal de Panamá.

 

Dentro de las clases sociales resulta de todo esto la creciente importancia económica de los extranjeros y de quienes son sus servidores, agentes, abogados o empleados, para quienes existe la genérica denominación de "hombres de paja". Como muestra de esta creciente importancia, basta con recordar la reciente historia del petróleo, con insinuar el rol de la minería en nuestra balanza comercial y con aludir a la política de los empréstitos.

 

La historia del petróleo peruano es muy significativa. La International Petroleum Co, rama de la Standard Oil, tuvo en 1916 con el gobierno peruano la ruidosa disputa de Brea y Pariñas porque el Cuerpo de ingenieros señaló el número de las pertenencias de Brea en 1915 probando que la London and Pacific Petroleum abarcaba no un área de 10 pertenencias, número por el que pagaba la contribución minera anual de Lp. 30 sino 41,614 pertencias por las que debía abonar Lp. 124,842 anuales, además de los devengados. La London and Pacific Petroleum primero, la International Petroleum después, basándose en el carácter de las disposiciones administrativas que crearon sus derechos, sostuvieron que no les correspondía pagar más de lo que abonaban, sin devolver tampoco al Estado las pertenencias excedentes. Se cometió el gravísimo error de arrancar este pleito a la jurisdicción nacional y someterlo al arbitraje de La Haya con resultado adverso a los intereses del Perú. En el "Programa de Derecho de Minería" del catedrático de la Universidad de Lima doctor Solf y Muro (1925) léese esta significativa nota: "Las pertenencias empadronadas son en número de 20 mil. La estadística de 1915 señala 68,383 pertenencias porque incluye las 14,614 de la London Pacific Petroleum que sólo pagan impuesto como 10 pertenencias".

 

La ley 2423 de 4 de agosto de 1917 gravó la exportación del petróleo crudo y derivados de su destilación con un impuesto progresivo en dólares. Verdad es que la exportación del petróleo no progresó en la medida de los otros productos nacionales en los años siguientes y la Lobitos Oilfield pidió la derogatoria de esa ley. La ley 4498 de 1o. de Marzo de 1922 establece que el petróleo y sus componentes, los productos derivados de su destilación y los hidrocarburos análogos sin excepción alguna, pagarán como derecho de exportación el impuesto fijo de 3 soles 50 centavos por tonelada métrica, peso neto, derogándose la ley anterior; lo que evidentemente favorecía la producción. Pero aún más: esta ley estatuyó que el impuesto de exportación no podría aumentarse durante veinte años, de acuerdo con la ley del petróleo No. 4425 de 2 de enero de 1925 que en su art. 40 había establecido que los productos de la industria petrolífera estarán sujetos al pago de los derechos de exportación sin que se pueda aumentar la escala vigente en el momento de la concesión durante veinte años. Si mereció protección la producción del petróleo, fue inaudita esta prohibición del Estado a si mismo, cuando el aumento de la exportación del petróleo es fantástico: de 381,082 toneladas en 1921, a 951,412 toneladas en 1925, de 2.928,783 Lp. en 1921 a 5.826,139 Lp. en 1925, aumentando más o menos en un millón de libras anuales en contraste con las oscilaciones del  algodón y del azúcar.

 

Además es curioso el cuadro del pago anual de jornales, suministrado por las compañías, que inserta el ingeniero Oscar Quiroga en su estudio "Movimiento económico de la industria minera del Perú en 1924, 2a. parte", pág. 91. Se vé en este cuadro que mientras aumenta la producción, mientras más ganancias obtienen las compañías favorecidas por la ley de producción del petróleo, el trabajador nacional recibe jornales y sueldos más pequeños. Las ganancias de las compañías petrolíferas son, así, incalculables. El sistema de subdivisión de una misma gran empresa como la Standard Oil, permite diversas especulaciones obteniéndose mayores ganancias efectivas, que las oficialmente señaladas; además del regreso que a la misma compañía realiza buena parte del dinero gastado en sueldos o jornales porque los empleados y obreros los utilizan en la compra de artículos de los almacenes de la misma empresa, bien provistos con la ayuda de barcos especiales.

 

Y estas compañías cuyo aporte al Erario y al factor hombre han ido disminuyendo a medida que aumentaban sus ganancias, contribuyeron a desnivelar la balanza comercial del Perú; junto con el servicio de los empréstitos, las sumas enviadas a los peruanos residentes en el extranjero etc. Decía el ministro de Hacienda del gobierno de Leguía, señor Manuel Masías y su testimonio es insospechable: "Las compañías de petróleo tienen una exportación de cuatro millones y medio de libras por la aduana de Talara y un millón por la de Lobitos. El total de cinco millones seiscientas mil libras. La importación de maquinarias y mercaderías que sirven para el uso de estas empresas es de un millón y medio y se hace todo por Talara. Resulta pues que hoy estas empresas tienen cuatro millones de libras sobrantes. He tomado también los datos de los giros que hacen; no ascienden sino a doscientas mil libras al año. Quiere decir que estas compañías se llevan tres millones ochocientas mil libras. Pero, cómo, me dirán, ¿cómo pueden llevarse tres millones ochocientas mil libras, si tienen que pagar a sus operarios? Es que pagan a sus operarios y los impuestos al gobierno con la venta del petróleo, de la gasolina y del kerosene que hacen en el país y que asciende más o menos a un millón de libras. Vemos, pues, que solamente las compañías de petróleo se llevan tres millones ochocientas mil libras. La Cerro de Pasco Mining Co. se lleva, más o menos, alrededor de un millón de libras". (Sesión de 14 de octubre de 1926 en la cámara de diputados, pág. 552 en el diario de debates, 52a. sesión).

 

La política de los empréstitos se realizó no para obras reproductivas como ordena la ciencia financiera sino muchas veces para obras no reproductivas y para el pago de deudas pendientes y el saldo de déficits. En el contenido mismo de los contratos respectivos, hubo notables deficiencias de inminencia peligrosa. Se estipularon garantías reales; se comprometió el Estado a no hacer modificaciones en las rentas afectas; se injertó en los cuerpos directivos de las entidades de recaudación y administración de rentas a representantes de los banqueros; la realización misma de los empréstitos estuvo gravada por descuentos y gastos que representaron enormes pérdidas; el sistema de emisión fue criticable pues su base estuvo en la adjudicación de bonos a los interesados, sin concurrencia; se aludió en algún contrato, como razón suprema, a las conveniencias del Departamento de Estado de Estados Unidos.

 

No es inexacto que a cambio del enfeudamiento puédese extinguir parte del atraso peruano, pueden elevarse rascacielos sobre nuestras ciudades de tristeza castellana, pueden mejorar el agua potable, la vida galante etc. También trae ganancias la prostitución.

 

Hay que rechazar el enfeudamiento primeramente porque es condenable en nombre de la humanidad. Todo el progreso que aporte no será más que algo secundario y subordinado a los fines de explotación de nuestro capital territorial, de nuestro capital humano en beneficio de un número ínfimo de intereses detentadores de privilegios antisociales. Nunca compensarán este progreso las ganancias que tales explotadores recojan para usarlas a su capricho. Y hay que rechazar al enfeudamiento, también, porque es lesivo a nuestro mensaje como pueblo, a nuestra misión colectiva. Allí es donde debe basarse la ciudadanía, más que en el odio retrospectivo al vecino y vibrar magnífica y espontánea la conciencia de nuestra individualidad histórica. ¡Bendito lugar común éste del imperialismo y lástima que no sea más común todavía!

 

Y ante los que vengan a ponderar las excelencias del mero progreso material, recordemos la escena de "Brand" la genial obra de Ibsen cuando el baile o juez dice: "Triunfando de la naturaleza, nos lanzamos al vapor por la senda del progreso. Por todas partes se han abierto carreteras y construido puentes". Y Brand responde: "Excepto entre la vida y la fe". "Se han unido los fiords a los ventisqueros", agrega el baile, Y Brand: "Pero no a la acción, la idea".