Implacables enemigos suyos, los consignatarios lo habían abrumado de acusaciones;
él fue implacable enemigo de los consignatarios acusándolos también. Anteriormente
las rivalidades personales habían tenido, como ya se ha dicho, un contorno
geográfico-político (unión o sojuzgamiento entre el Perú y Bolivia) con Gamarra
y Santa Cruz; o un contorno vagamente ideológico (democracia o aristarquía) con
Castilla y Vivanco. Ahora esta nueva rivalidad tenía un marco económico. "Traidor"
o "déspota" habían sido los dos más rudos insultos de la apasionada política peruana;
ahora ese insulto era el de "ladrón".
Sobre el primer gobierno del partido civil hay una leyenda dorada y una leyenda
negra. La leyenda dorada recuerda sus medidas en pro de la instrucción (Escuela
de Ingenieros, Facultad de Ciencias Políticas, protección a Raimondi, etc.); su
afán de descentralización; sus esfuerzos por dotar al Perú de un sistema tributario
permanente; su llamamiento a la ciudadanía para enmarcarla
dentro de los cuadros de la Guardia Nacional, destinada a controlar al ejército;
la implantación de los Registros Civiles; la preocupación por la inmigración; la
mala situación económica del país a consecuencia de los pasados excesos, agravada
por las frecuentes conspiraciones y asechanzas contra el gobierno. La leyenda negra
parte del proceso que a Pardo se le seguía en Londres; acusa a su gobierno de haber
nombrado abogado del Perú en ese proceso a quien había sido abogado de los consignatarios
demandados; supone que misteriosamente se quiso eliminar por medio del asesinato
o del envenenamiento a muchos enemigos (Herencia Zevallos, Gamio, Piñatelli, Horna,
Vivanco, Lavalle, etc.); censura la onerosa transacción con Dreyfus de 15 de Abril
de 1874, después de menudas querellas; lamenta la alianza defensiva con Bolivia,
la falta de continuidad en el afán del Perú para que Argentina se sumara a ella,
el desarme del país y la humillación que para el ejército significó la guardia nacional;
desmenuza la declaración de inconvertibilidad del billete, la fracasada política
con las salitreras, primero con el estanco y luego con la expropiación.
Bien intensos fueron aquellos años. Surgido sobre los cadáveres humeantes de los
Gutiérrez, aquel gobierno se inició con la acusación a los ministros del anterior,
siguió entre incidentes tan apasionantes como la muerte de Herencia Zevallos y otros,
los tempestuosos debates en el Parlamento entre el ministro Rosas y Luciano .Benjamín
Cisneros, la audaz intentona de Piérola en el "Talismán", los presuntos planes para
eliminar al presidente Pardo con la "máquina infernal" de Bogardus o con el asalto
en la plaza de Armas. Y de resultas no sólo de la política seguida anteriormente
por los consignatarios sino de los despilfarros de la política hostil a ellos iniciada por Balta, el fisco exhausto, el atraso increíble de los sueldos, el ejército de
los empleados y pensionistas rondando las oficinas de Palacio.
Y fue a través de toda esta época que maduró la rivalidad entre Pardo y Piérola.
En 1874 Piérola en un buquecito, el "Talismán", emprendió una valiente intentona
revolucionaria contra Pardo. Un militar y literato argentino que lo acompañó entonces,
Justiniano de Zuviría, ha contado, en un folleto interesantísimo, la audacia, el
arrojo, la decisión, la vanidad, el decoratismo y los errores del nuevo caudillo
amante del uniforme y del entorchado, del lenguaje atildado y del formulismo, convencido
de su infalible omnisapiencia militar. Vencido Piérola en los Angeles, mantuvo su
posición irreductible. Cuando con anuencia de Pardo fue elegido en 1876, como su
sucesor el General Prado, siempre Piérola siguió entre el destierro y la conspiración.
Tentó fortuna por tierra y su derrota en Yacango no lo amilanó.