Después de la derrota en esta guerra que concluyó en 1883, como después de la victoria
en la guerra que concluyó en 1824, el Perú cayó en poder del militarismo. De regreso
al Perú en 1884, Piérola organizó su partido al que
dio el nombre de demócrata,
integrando la primera directiva clericales o aristócratas tan conspicuos como Lino
Alarco, Federico Panizo, Serapio Orbegoso, Manuel P. Olaechea, Manuel A. Rodrigo,
Manuel Jesús Obín. El viejo conspirador acentuó entonces sus invocaciones a la Ley,
al Sufragio y a la Constitución. Como
remedio a la crisis de entonces propició una Convención Nacional elegida por sufragio
directo con libertad efectiva (1o. de
agosto de 1884).
A esta campaña legalista
se unió su fé en la acción de los partidos "El partido demócrata y su Jefe no tienen
impaciencia por llegar al poder. Creen, además, que los partidos políticos pueden
servir al país en el poder y fuera de él" (Declaración de 4 de setiembre 1884).
Repitió una vez más que era necesario cambiar el "régimen". Desterrado en 1885,
volvió para las elecciones de 1886 propiciando entonces la abstención de su partido,
ya que las elecciones no iban a ser nacionales sino controladas por un círculo oficial
y no había más remedio entonces que la guerra civil pero el país estaba postrado.
Largos años vivió en la oposición, optimista siempre en el porvenir, entre persecuciones
y prisiones, con una creciente popularidad. En vísperas de las elecciones de 1890
los civilistas que rodeaban la candidatura de Rosas acordaron con el presidente Cáceres la prisión de PiéroJa por responsabilidades
de la guerra y la clausura de su periódico "El País". Fue elegido así Morales Bermúdez.
Tuvo la increíble sugestión de un "film" la fuga que entonces hizo Piérola de la
Intendencia de Policía.