CAPÍTULO SÉPTIMO
Ubicación Sociológica de González Prada

LA PRIMERA LITERATURA DE LA DESILUSIÓN.

 

Los representantes más genuinos de la clase aristocrática colonial asumieron desde los primeros tiempos de la República una actitud de condena y de protesta. La primera literatura de la desilusión sobre las cosas peruanas la hicieron hombres reaccionarios. Que las cosas marchan muy mal en el Perú, que todo está corrompido, que lo que no da risa da asco, dicen el mariscal Riva-Agüero  en las  "Memorias" que publicó con el seudónimo de "Pruvonena" en 1857, José María de Pando después de su viaje tránsfuga a España en 1835, el general Manuel I. de Vivanco en dispersas proclamas y manifiestos después de 1851, Felipe Pardo y Aliaga en múltiples composiciones poéticas, agriada su musa festiva por sus desengaños de político y sus dolencias de inválido, Bartolomé Herrera en sus prédicas de tribuno y de maestro.

Estas quejas y denuncias se refirieron sobre todo a la realidad política, ya que todos los representantes, directos o indirectos, de las tendencias regresivas de la aristocracia colonial cayeron en el fracaso, ante el predominio no de los liberales, sino del militarismo, de la politiquería y del desorden.

Muchos años después, en una etapa muy posterior de la vida peruana, debía hacerse más radical, más integral, más alto este acento subversivo. Ya sus alcances no habrían de ser meramente políticos sino político-sociales; ni su emoción predominante sería la nostalgia de la colonia sino la ilusión en el porvenir "sol sin occidente"; ni su finalidad la defensa de las clases privilegiadas sino la de las masas irredentas.

Pero, a pesar de todo, no es arbitrario establecer alguna vinculación entre la obra de condena y de protesta de los últimos supérstites o defensores de las llamadas clases superiores, con la obra de condena y de protesta de don Manuel González Prada.