El caso de Prada es una de las señales del tránsito
operado en la vida peruana desde el aristocraticismo hacia la burguesía. Los antepasados
de Prada habían sido aristócratas rancios. El padre había pertenecido a los círculos
más retrógrados de la oligarquía limeña. Francisco, el único hermano varón, e Isabel,
la única hermana de don Manuel, permanecieron fieles a ese espíritu hecho a base
de amor a la tradición, clericalismo, orgullo del linaje, desprecio al plebeyo,
etc.
Manuel, el menor, nació en una época en que la inferestructura
colonial en la vida republicana del Perú se oreaba un poco con el progreso de ciertas
ideas nuevas de tipo liberal
a las que la revolución del 54 y la Convención del 55 dieron pábulo y con algunos
transplantes de la técnica de la civilización occidental: ferrocarriles, telégrafo,
etc. Su tendencia innata hacia la reacción contra el espíritu de su casta en declive
se acentuó por haberse educado durante parte de su infancia en Valparaíso, es decir,
fuera del tranquilo ambiente de casona de Lima, en un puerto modernizado, y habiendo
ido allí precisamente porque su familia había sido hostil al régimen liberal.