NI FALTA DE RESPETO NI REACCIONARISMO.

 

 

Me afligiría mucho si este intento de ubicación y de precisación fuese mirado como algo irrespetuoso, o reaccionario. No es irrespetuoso clasificar y subclasificar a los tipos humanos como hacen la psiquiatría y la antropología.

 

"De todo grande hombre queda un saldo, dice Alfonso Reyes, superior a la suma de sus días. Interviene aquí como multiplicador no sé qué coeficiente que podemos provisionalmente llamar la constante providencial". El resentimiento, el snobismo, el cientificismo anticlerical, el anarquismo, la sencillez de vida, el burocratismo, producen tipos grotescos, insignificantes, medianos o más que medianos, pero también producen tipos superiores como, en el Perú, el de Prada.

 

Intentando buscar la constante providencial en Prada, quizá la pista para ella esté en dos factores: la pureza de su vida moral y la belleza de su obra literaria. Es decir, lo que en Prada hubo de santo y de pagano. Por la armonía del estilo, por la sensualidad verbal, por la exaltación de la vida que hay en muchos de sus escritos, fue un pagano. Del profeta tuvo Prada la sobriedad ante los placeres del mundo, el rechazo ante lo malo y lo indigno, el tono sibilino y dogmático. Fue un santo y un profeta que combatió a la religión y a todo lo que la religión apoya y lo hizo dentro de un pulcro y cuidadoso academismo; pero (repitiendo ahora lo que se ha dicho, en otro sentido, de Góngora) un academismo que se portaba mal.

 

Por lo demás, el estudio ético-estético de Gonzales Prada ha sido hecho exhaustivamente mediante los aportes de Rufino Blanco Fombona, Luis Velazco Aragón, José Carlos Mariátegui, Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego desde un punto de vista cercano; y de José de la Riva Agüero y Ventura García Calderón desde una posición disímil o agnóstica. Baste recordar dentro de esta precisación sociológica las siguientes palabras de Antenor Orrego: "Sabía que portaba en sus manos el porvenir y era indeclinable a las tentaciones. Puso en circulación ideas que jamás surcaron los Andes. Abrió las ventanas nacionales al mundo y acercó ante nuestras pupilas los horizontes lejanos de la Europa contemporánea. Libre en un ambiente de turiferario servilismo; honesto en medio de una conspiración de pícaros; hombre espiritual y de pensamiento ágil en una sociedad de bellacos; enérgico y puro en un mercado de muelle y abúlico libertinaje; ser de inquietudes ideales sumergido en un estanque de torpe y denso materialismo; cerebro afinado y penetrante, en una feria de gañanes de levita; varón justiciero, en una sociedad asentada en el privilegio y en la explotación del desgraciado y del indio; amador de la belleza y de las puras formas estéticas, en un mercado de bastos traficantes ultramarinos; culto en medio de la barbarie feudal y eclesiástica; hombre del Agora y para el Agora conviviendo en la báquica brutalidad de una tribu de esclavos; conocedor de varias lenguas europeas y lector apasionado de los clásicos griegos y latinos en sus propios idiomas, en relación cotidiana con una sociedad que se expresaba pobremente en una jerga chulesca, mitad española, mitad criolla; hombre de ingenio sutil y de genio creador, en un pueblo dicharachero que divertíase confeccionando colmos, retruécanos y rompecabezas; renovador y enriquecedor de la expresión poética castellana aportando de los lenguas extranjeras nuevas formas métricas, en un ambiente anquilosado de pedante preceptiva universitaria; valeroso y erguido, en un pueblo de sometidos y libertos, añorantes de la esclavitud colonial; voz clara, determinada y perentoria donde se hablaba a la sordina, se intrigaba y se chismeaba a media voz y donde, por encogimiento y cobardía, se decapitaba toda resuelta modulación viril; ciudadano libre y hombre civil dentro de un despotismo tartúfico de república democrática, simulada por un biombo de constitución liberal; apóstol férvido predicando en un desierto de corazones y de mentes petrificadas; sembrador de ideas y de doctrinas avanzadas, en medio de la zambra criolla que soñaba en las regalías del presupuesto. Era el agitador, el agitador-tipo, el primer agitador ideológico" (Estudio publicado en "Apra" de Lima, No. 5-9 de Noviembre de 1930).

 

No es reaccionario lo que aquí se ha dicho. Para su tiempo, impregnado de colonialismo en las costumbres, no obstante el injerto de la plutocracia guanera, las ideas y la economía, el burguesismo descontento de Prada fue una formidable audacia revolucionaria. Acaso si el ambiente hubiera estado menos impregnado de colonialismo, la reacción de Prada no hubiese sido tan cáustica y tan agresiva. Y fue tanta esa impermeabilidad ambiental, que impidió una mayor repercusión inmediata de sus ideas y de su obra.