PRADA Y PALMA.

 

     

 

Aquella época tuvo otra gran figura intelectual: Palma, el limeño mestizo y dicharachero de las "Tradiciones". Siguió a Palma y pospuso a Prada. Las nuevas generaciones peruanas marchan por camino distinto posponiendo a Palma y acercándose a Prada. En ello hay un simbolismo profundo.

 

Cabe hacer dentro de los peruanos conscientes una diferenciación clara: los que prefieren a Palma y los que prefieren a Prada.

 

Palma encarna la pura preocupación literaria o erudita; el arte de escribir tomado como un pasatiempo ameno; la vida vista desde su sentido de placer. Nadie más alejado de él que quienes lo imitaron, tergiversando este significado, yendo hasta la nostalgia colonialista, sin ingenio y sin ironía. Prada encarna la aptitud literaria inquietada y postergada por la preocupación social; el arte de escribir tomado como un medio de acción; la vida vista desde su sentido de deber. Podría encontrarse algunas semejanzas entre las "Tradiciones Peruanas" de Palma y algunas de las modalidades que adoptan hoy la literatura para evadirse de las inquietudes sociales, de la "traición de los clérigos" de que habla Julián Benda; la biografía novelada, a lo Ludwig, Strachey o Maurois, y la novela exótica y sensual a lo Morand o Dekobra. Las "Tradiciones Peruanas" de Palma se diferencian de la biografía novelesca porque carecen de la fidelidad a la verdad objetiva; del buceo persistente y menudo en una sicología determinada; de la finalidad de comprensión humana más que de deleite o de instrucción. Pero se parecen a ella por la forma dialogada, narrativa y descriptiva; Palma también habla desde adentro del personaje o de la escena mostrándolo en la vida cotidiana; también significa una reacción contra la Historia técnica, árida y fría hecha por quienes son una mezcla de notario y de ratón. De la novelística moderna se diferencia Palma por su sujeción a ciertos moldes clásicos o plebeyos en el estilo, por su limitación historicista, por su falta de refinamiento. En cambio tiene semejanzas con ella por su aptitud para inventar y mentir bellamente, por su agilidad, por su frivolidad, por su sensualidad y por su ironía.

 

Entre Prada y José Carlos Mariátegui hay una diferencia radical. Prada encarna el pensamiento burgués en rebeldía, en crisis; y Mariátegui la anunciación del escritor proletario. Prada fue un hombre de preguntas y de problemas; Mariátegui, hombre de respuestas y de soluciones.