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CAPITULO OCTAVO
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Leguía y el Legüiísmo
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LA ETAPA DE LA APARICIÓN.
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El predominio del civilismo atrajo a su lado a muchas personas que por su origen y ascendencia no es taban vinculadas con él, pero que buscaban éxito y poder. Así ocurrió con algunos abogados provincia nos. También, con algunos hombres de negocios. El civilismo no estuvo compuesto, pues, solamente por su núcleo originario, sino también, por sus servidores, por sus mayordomos, por su "clientela" en el sentido romano de la palabra.
Uno de estos auxiliares del predominio civilista fue Augusto B. Leguía, hombre de negocios pertene ciente a una familia antigua de Lambayeque, educado en un colegio inglés de Valparaíso, antiguo empleado de la casa Prevost y de diversas compañías de segu ros, llevado por don Manuel Candamo al Ministerio de Hacienda. Muerto Candamo y ungido por "droit de naissance" José Pardo presidente, Leguía, uno de los autores de esta elección hecha en desmedro de Isaac Alzamora, continuó como ministro. Fue Leguía un ac tivo, inteligente y enérgico ministro de Pardo. Ganó su confianza y así pudo ser nominado candidato oficial para las elecciones de 1908.
Elegido sin resistencia, Leguía bien pronto reveló su personalidad propia. Nombró un primer gabinete de amigos personales. Inició una política de conciliación con la oposición pierolista, a base de las ubicaciones parlamentarias mixtas, que se frustró por la actitud puritana de Piérola. Después del golpe del 29 de Mayo de 1909, origen de su leyenda de caudillo, no se dejó manejar por las Cámaras, que estaban controladas por el civilismo clásico, e hizo incorporar violentamente un tercio de congresales propios quedando el civilismo en minoría, llamada entonces "el bloque". Suscitó y afrontó tremendas crisis internacionales, y arregló con escándalo del patriotismo diversas cuestiones de límites. Su gobierno fue de fuerza y por ello llegó a su término. Fuera de la Presidencia, entre silbidos y denuestos, marchó Leguía al destierro. En su lugar quedó, fruto de un movimiento populista y demagógico, Billinghurst. Bien pronto los políticos profesionales, coludidos con el militarismo y con el apoyo de la oligarquía civilista, derribaron este régimen y Pardo volvió al poder. Promediaba el año de 1915 cuando se produjo este "retorno a la constitucionalidad".
En Febrero de 1919 entró don Augusto B. Leguía a Lima por la avenida de la Colmena triunfalmente, entre el fervor de varias decenas de miles de hombres. Después de un largo gobierno en que gozó de honores, homenajes y elogios que ni San Martín ni Bolívar ni Santa Cruz ni Castilla ni Piérola gozaron, don Augusto B. Leguía terminó su cuarto período presidencial recluido en la Penitenciaría de Lima, víctima de las más rudas y terribles acusaciones que se pueden hacer a un gobernante.
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