Se ha visto ya en un capítulo anterior, cómo los liberales estuvieron lejos de tener un sentido social, aproximándose a él sólo con el Club Progresista de 1849-51, con la abolición de la esclavitud y del tributo en la revolución de 1854 y con la defensa de esa abolición en 1856 y 1867 desde el Parlamento. Se ha visto también cómo fue popular Piérola, no por lo que él encarnaba, a pesar del rimbombante título de "Protector de la Raza Indígena" que usó en su Dictadura de 1880 sino por lo que él atacaba, no por aquello que era sino por aquello contra lo cual estaba; ésto, aparte de su personal don de fascinar. La popularidad de Billinghurst en 1912 fue un pierolismo sin Piérola: tuvo base multitudinaria y beligerante, reaccionando contra las oligarquías de políticos dominantes, prefiriéndose a Billinghurst en este vibrar de multitudes, porque carecía de las resistencias que Piérola se había acumulado, del desgaste que sobre su nombre había caído con la reiterada malaventura política. Billinghurst, cuya popularidad fue más bien limeña, hombre de carácter brusco y populachero, había aprendido, por lo demás, algunos tópicos del radicalismo chileno. Es en la crítica de González Prada más bien donde se esboza netamente el planteamiento de la cuestión social peruana: oligarquía dominante, rivalidades de caudillos, masa social a la que no mejoran esas luchas, mayorías de indígenas subyugadas. "Germinal", órgano de la Unión Nacional en 1899, continúa y acentúa esta posición.
Se ha hablado de la "rebelión de las masas". Dice el difundido escritor que ha dedicado un libro a constatar esa rebelión, que la tragedia de España es la falta de docilidad de las masas para las minorías selectas o egregias, docilidad que es indispensable para el buen funcionamiento de la historia de un pueblo. En el Perú cabría más bien hablar de "la rebelión o deserción de las minorías". Esas gentes llamadas egregias o dirigentes ignoraron y desdeñaron al Perú. "Irse a Europa" fue el ideal tácito o expreso de un hombre culto. Cuando las masas acudieron adonde ellos, recibieron frases huecas, fórmulas superficiales o las pusieron al servicio de sus intereses de momento o de círculo. Aún viviendo aquí, estuvieron ausentes. Por eso el Perú careció por mucho tiempo no sólo de soluciones y de datos sino aún de estudios y de aportes sobre sus problemas típicos. Por mucho tiempo fue escasa la gente con opiniones definidas sobre el problema de la tierra, el problema del indio, el problema del centralismo, el problema de la educación, el problema económico, etc. Así se explica que pudiera tocar tierra virgen, apenas entrevista en parte por algunos zahoríes, el periodista que les dedicó un libro. Naturalmente que hubiese sido mucho pedir que otros lo hubieran antecedido en sus puntos de vista doctrinarios; pero lo que faltaba era inclusive el punto de vista antagónico, divergente o coadyuvante.